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¿Lactancia materna o fórmula?

 

¡¡GRAN pregunta!! ¿Por qué te vas a decidir?

 

No pretendo de ninguna manera una discusión o armar semejante alboroto con esta pregunta sobre cómo alimentarás a tu hijo, pero te quiero contar cómo fue para mí, con sus retos, sus dificultades, sus problemas y las respuestas a comentarios de terceras personas.

La verdad antes de que mi hijo naciera, no había pensado mucho al respecto. Conocía algunos de los beneficios de la lactancia y veía también algo de la práctico de los biberones, pero hasta ahí. Mi ginecólogo me dijo que debía de darle pecho pero tampoco entrar en el mundo del grupo de mamás que se ponían todas fanáticas a defender la lactancia en La Liga de la Leche (primera vez que había oído este nombre).

 

Dentro de lo que compré para la llegada de mi bebé, compré un saca leches manual, esterilizador, bolsitas para leche, protectores para el bra, brassieres de lactancia, algunos bibis hermosos y también un botecito con divisiones para la leche en polvo. Todo esterilizado para antes del nacimiento de mi chiquito. Estaba convencida de querer comenzar con lactancia exclusiva, al menos 3 o 6 meses, como mi mamá lo había hecho con nosotras como hijas.

Llegó el nacimiento de mi niño. Nació por medio de una cesárea programada a las 10:01pm. Me lo acercaron al nacer, lo abracé y besé por primera vez y se lo llevaron al protocolo normal que el hospital maneja. Ninguna complicación ni para mi hijo, ni para mí.

He de confesar que dormí delicioso, pero desde las 6:30am que desperté moría por volver a verlo y abrazarlo. Tuve que esperar hasta las 9 en punto para que me lo llevaran al cuarto. Verlo y sostenerlo fue mágico, ¡maravilloso!

Cuando empezó a pujar y a renegar sabía que era el momento para empezar la lactancia. Me dejaron unos algodones para limpiarme los pezones antes de lactar. Sin dudar (y malamente sin saber) me limpie y me pegué a mi chiquito. ¿Suerte? No lo sé, pero no tuve ningún problema. Sentí la intensidad de la succión del bebé de inmediato, sin dolor.

Me llevaban biberones de fórmula, mismos que vaciábamos en el baño. Se quejaba o lloraba bebé y ofrecía pecho. Y en el mismo hospital comenzaron las preguntas de otros como:

-¿si te estará saliendo leche? -Supongo, se queda tranquilo.

-¿le acababas de dar pecho, otra vez? -Si, yo creo que quiere más.

-¿cuánto tiempo le has dado? Porque deben ser 15 mina de cada pecho. -Ni idea, no traigo reloj y el pediatra me dijo que hasta que bebé se despegara.

-¿No te estará usando de chupón? -Creo que sí, es un chiqueado y yo feliz.

 

Nos dieron de alta y la primera noche solos. He de confesar que la noche de mayor incertidumbre. Estábamos en casa papá, mamá, bebé y mi hermana por si necesitábamos algo. Comenzó a llorar y le ofrecí pecho, lloraba-pecho-pañal-pecho y dormía un poquito, despertaba llorando-pecho-pañal-pecho y dormía otro poquito y así un sinnúmero de veces hasta que en algún momento dude si realmente me estaba saliendo leche, pero no quería dar fórmula. Mi esposo me pregunto si no quería probar con un bibi y en mi afán de no quererlo escuchar llorar otra vez dije si. Se lo ofrecimos y no quiso, seguía llorando; así que dije no, bibi no. Fue el único bibi de fórmula que nosotros le preparamos.

En el hospital cuando se lo llevaban le daban bibi, pero yo no. En algún momento de la segunda noche en casa empecé a sentir como si me estuvieran inflando, los pechos comenzaron a agrandarse y a ponerse calientes como nunca los había sentido. Fui feliz, sabía que esa era la señal de que me estaba llenando de leche y no sólo iba a ofrecer calostro.

Mi hijo tomaba leche de mamá alrededor de 30-35-40 min por pecho. Había religiosamente cambio de pañal entre una toma y otra. Pasamos brotes de crecimiento donde era cansado estar casi todo el día pegados “literalmente”.

Recibí muchas preguntas y comentarios sobre poner tiempos y horarios para la lactancia, sugerencias de dar chupón o un bibi de fórmula en la noche para que me dejara dormir más tiempo de forma continua. Mi esposo fue pieza clave para esto, y le estoy profundamente agradecida ya que estaba al igual que yo convencido de que sería un bebé amamantado de forma exclusiva. Le compartía información que recibía en páginas, blogs, grupos de lactancia y también de las reuniones de la liga de la Leche que fueron una bendición.

Ahí conocí a mamis que como yo compartían la misma forma de educar; mamis que se convirtieron en mi tribu, con las que compartíamos días difíciles, nos echábamos porras, nos anticipaban de lo que venía. Desayunos, picnics, cafecitos, tardes de nieve y después de parque y fiestas. Los meses pasaban y sin pensarlo ya había pasado los seis meses de lactancia exclusiva. Mi hijo subía de peso, crecía, tenía unos cachetotes y aun así me preguntaban si lo llenaba, si no tendría sed de vez en cuando o por qué no ofrecía tecitos. Contestaba que de haberle tenido que dar a un bebé tan pequeño leche y agua o leche y té, seguro Diosito me habría dado un pecho de agua/té y otro de leche.

 

Durante algunos meses comencé a donar leche al Banco de Leche. Era mi manera de ayudar a otros bebés. Fue fácil y satisfactorio.

7 meses e infección en el pezón. Mi ginecólogo me recetó pastillas para secarme la leche. Busqué otra opinión y bastó una simple pomada y al día siguiente están mucho mejor. Con dolor por dos días, pero no desistí. Llegué al año de lactancia. ¿Cuándo le vas a quitar el pecho a ese niño? me preguntaban y sólo recibían un “no sé” por respuesta.

 

Año dos meses y mastitis. Ginecólogo me pide nuevamente quitar pecho. Vuelvo a pedir otra opinión y continúo con lactancia.

 

Año tres meses, regreso a trabajar. Mi hijo entra a prematernal. Elimino automáticamente algunas tomas. Le daba al despertar, al recogerlo a la 1:30 y de ahí continuábamos a libre demanda.

 

Año seis meses. Cansada de las tomas nocturnas y con falta de descanso, nos proponemos quitar esas tomas (ya platicaré más adelante cómo lo logramos). Basta con decir que fueron dos noches difíciles y con mucho amor y paciencia de papá y mamá lo logramos.

 

2 años. Ya es niño grande, todavía te sale leche o es agua, es puro chiqueo, tan grandote y ahí sigue. Pues si, todavía andamos en esto. Quité las tomas fuera de casa. Ya no hay pechito (como él le llama) en otro lugar que no sea en casa o en la cama de Abi (abuela) que nos presta para la siesta cuando vamos a comer con ella. ¿Cuándo se acabará? No lo sé aún.

 

Cumplimos exactamente 2 años y 8 meses. Le doy para su siesta después de recogerlo del maternal y al dormir en la noche.

 

He hablado con mi esposo de destetarlo antes de que entre al kinder. Nos queda hasta agosto para lograrlo. Ya les diré qué tal nos fue.

Al día de hoy mi hijo es un niño independiente que no quiera estar conmigo en las fiestas, que se divierte con amigos y en la escuela. Es un niño que sabe que cuando necesita a mamá, ahí está para él. De bebé encontró en mí no sólo alimento a través del pecho, sino también cariño, calor, contacto, escuchar mi corazón. Tiene un par de meses que dejó el pañal (cuando creían que primero debía dejar el pecho), habla claramente, come de todo y muy bien.

Nunca me imaginé en una lactancia “tan larga”, pero somos felices.

 

¿Qué es ser mamá de fórmula?, no lo sé. Pero estoy segura de que esas mamis aprenden a tener una conexión de manera distinta, demuestran de otra manera su amor a sus hijos. Jamás pensaría que son malas madres por no haber seguido mi misma forma de pensar.

Las respeto y admiro porque las veo cuánto gastan en fórmula, todos los bibis que lavan y esterilizan, las mamilas que cambian según la etapa, como se paran de madrugada a preparar el biberón, todo lo que cargan cuando salen de agua, leche y biberones.

La lactancia o no es una decisión muy personal. Lee, investiga, pregunta y toma tu decisión. ¡Es tuya, y si papá la apoya, será mucho más fácil! Y te invito a que respetes la decisión de cada mami, a no juzgar. No sabemos las circunstancias de la demás para tomar la decisión de cómo alimentar a su bebé. Lo que sí es que lo estará haciendo con todo el amor que una mamá le puede dar a su hijo.

 

Y a ti, ¿cómo te ha ido?

 

Con cariño, Una mamá con 32 meses de lactancia.

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